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The Cure debutó en Chile con emotivo concierto ante cerca de 60 mil personas

abril 15, 2013 - Destacados / Noticias

En la previa, el concierto de The Cure asomaba con el cartel de deuda: 35 años de carrera y ningún paso por Chile. Y aprovechando la emoción contenida, la llegada de la banda de Robert Smith fue una descarga de emoción para las cerca de 60 mil personas que anoche llegaron al Estadio Nacional, según cifras entregadas por la seguridad del recinto, para presenciar el debut del grupo en el país.

Puntual, a las 21.00, los británicos salieron al escenario y a falta de palabras -recién, el primer “gracias” de Smith cayó una hora y 20 minutos entrado el concierto- vino una serie de hits sin tregua. Siguiendo algunas de las variantes que han mostrado en su tour sudamericano, la lista comenzó con Open y siguió con High. Una bandera chilena volaba hacia el escenario y ahí estaba el tecladista Roger O’Donell para dejarla colgada a su instrumento.

El público, sin embargo, estaba a la espera del primer hit, que se dejó caer en la forma de Lovesong, el cuarto tema, encadenado a una tanda imparable: Push, In betweeen days y Just like heaven. Suficiente para conectar con una audiencia en su mayoría empinada sobre los 35 años, cómplice en todo momento, incluso en los pasillos más oscuros planteados por temas como A forest, y también enérgico para intervalos más festivos, como el que, hacia el final, hilaba temas como Why can I be you? y Boys don’t cry. Una conexión facilitada, además, por las dos pantallas gigantes a los costados del escenario y otra dispuesta hacia cancha general, que acercaba las galerías a una puesta en escena intimista y sobria. Sólo una pantalla con gráficas atrás escoltaba a los cinco músicos sobre el escenario.

La banda había prometido un show de alta duración y cumplió: tres horas y 35 minutos que cerraron, como de costumbre, con el pulso punk de Killing an arab.

Ya habían pasado Friday, I’m in love y Pictures of you, y aprovechando el primer intervalo, a las dos horas y 20 minutos de duración, los primeros asistentes comenzaban a abando- nar el recinto de Ñuñoa. Robert Smith, con la voz intacta, preguntaba desde el escenario: “¿Qué quieren? ¿Algo de Disintegration o de Pornography? Es la primera y última vez que pregunto”, bromeó, para seguir con su plan.

Tras el segundo regreso, volvió a dirigirse al público chileno. “Es divertido”, decía, mientras rasgueaba una de las guitarras que fue intercambiando, “pocas veces me había sentido tan cómodo. Suena como si fuera algo malo”. La noche también puso de su parte: una velada mucho más cálida que el frío que afectó la escala previa en Buenos Aires. Cuando resonaban los últimos acordes, Smith se paseó por la tarima saludando a las primeras filas y puso puntos suspensivos al primer encuentro: “¡Gracias, nos veremos de nuevo!”.

Información extraída de www.latercera.com

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